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Ciudad de Valparaíso

Población Obrera de la Unión: rehabilitación integral y participativa


La primera vivienda social de Chile, inaugurada en 1898, vuelve a marcar la pauta: llevó a cabo una restitución de su estructura física y social, donde los protagonistas fueron sus propios pobladores.

La Población Obrera es un imponente edificio cuadrado de albañilería, con tres pisos, emplazado en el Cerro Cordillera. Sus cuatro entradas dan a un patio interior, desde donde se observa la construcción perimetral de sus viviendas, unidas por pasillos abiertos. La ropa colgada de un extremo a otro, con gente apoyada en las barandas, es una de las tantas postales porteñas. Sin embargo, lejos de esa belleza estática, sus habitantes sufrieron por largo tiempo, el deterioro de su estructura, tanto material como social, hasta que a mediados de los 90 un grupo de jóvenes residentes decidió devolverle su dignidad.

El inmueble fue construido en 1870 por Carlos Lorca de la Liga Masónica de Valparaíso; albergaba asociaciones sindicales y mutuales obreras. En 1894 Juana Ross de Edwards, benefactora católica y dama de la alta sociedad porteña, lo compró transformándolo, luego de cuatro años, en la primera vivienda social para obreros del país. Su administración estaba a cargo de la Sociedad de Orden y Trabajo –creada para tales fines-, bajo tutela del Obispado local. Desde un comienzo, sus habitantes tuvieron un fuerte sentido de cohesión, promovido por la arquitectura del lugar: patio, baños y lavaderos compartidos. Desde los años cincuenta fueron éstos solos quienes llevaron las riendas del edificio.

La gestión de la Población Obrera no fue fácil; su edificación envejecía sin un adecuado mantenimiento, resultando en grave deterioro. En la década del 70, los intentos de desalojo y remate del inmueble ya eran habituales; luego vinieron los cortes de servicios básicos, la venta de droga y la estigmatización del edificio como un nido de delincuentes.

En 1989 se instala en el Cerro Cordillera el Taller de Acción Comunitaria (TAC), organización territorial que se preocupa de rearticular redes sociales y enseñar la autogestión de mejores condiciones de vida. Su trabajo se concentra en niños y jóvenes; aproximadamente veinte integrantes de la Población Obrera crecieron con el TAC, convirtiéndose en líderes de su resurrección. Una vez a la cabeza de la Directiva del edificio, una serie de acciones planificadas (ver entrevista a Christian Amarales) lograron que el inmueble ganara, en 2006, el Fondo Solidario de Vivienda del Ministerio de Vivienda y Urbanismo, que hizo posible su rehabilitación integral.

El proyecto de arquitectura que se llevó a cabo es un referente en recuperación patrimonial porque no sólo se ocupa de la estructura física, sino que promueve el mejoramiento de las condiciones de vida de la comunidad existente, es decir, no hay gentrificación o aburguesamiento de los propietarios, y a su vez, éstos son partícipes de las decisiones que se toman, eligiendo sus propias maneras de habitar el inmueble. Tanto así, que la misma Directiva de la Población eligió a los arquitectos María José Castillo, Raúl Araya y Alejandra Bravo de la consultora bordeURBANO (proyecto de rehabilitación, asistencia técnica y gestión inmobiliaria social), y a la constructora Valle Mar.

El edificio llevaba 110 años de existencia sin mayor mantención; en palabras de Raúl Araya:- Se estaba cayendo. Tenía un asentamiento de entre veinte y cuarenta centímetros; había que restablecer su capacidad estructural. El ingeniero calculista, Fernando Ottone, fue el único de cinco en decir que el inmueble era recuperable. Ahora bien, este no podía ser un trabajo de restauración, sino de rehabilitación, pues su lado norte era insalvable; hubo que empezar de cero, y el resto del edificio había que adaptarlo a las formas contemporáneas de habitabilidad. En definitiva lo único que se restauró fue la fachada.

Para poder definir con los vecinos los elementos significativos del edificio, se hicieron encuestas, entrevistas y talleres explicativos sobre las obras a realizar; se aplicó un juego con fotografías donde cada una de las familias identificó un lugar importante para ellos. De esto se sacó en limpio que el patio y los pasillos debían mantener su arquitectura, puesto que permitían la vida en comunidad.

Toda la estructura interior del patio y pasillos, originalmente de madera, fue reemplazada por una de hormigón armado siguiendo la iniciativa de los pobladores, que años atrás habían hecho diez pilares del mismo material. Esta fue una intervención necesaria, pues en la nueva estructura recae la carga del edificio, que antes se distribuía entre las fachadas interiores, pero por su humedad y mala mantención, era más seguro trasladarla.

En cuanto a la habitabilidad de las viviendas, el sistema eléctrico y los servicios sanitarios son 100% nuevos. Los pobladores habían hecho con sus propias manos conexiones de electricidad, corriendo peligro de cortocircuito e incendio. El baño, históricamente había sido un problema: en sus inicios hubo una torre en mitad del patio con excusados y lavaderos comunes; en los sesenta por daños estructurales se tuvo que demoler y se construyó una zona de servicios higiénicos en el primer piso, que luego, en los setenta, colapsó. Desde entonces la gente hizo baños dentro de su vivienda, no todos, y sin cumplir con las normativas requeridas.

Los departamentos estaban divididos con planchas de cholguán y correderas de género, tomamos ese mismo gesto y pusimos tabiques a la altura estándar de las construcciones actuales, con closet para ambos lados –dice Raúl Araya-, quedando un metro cuarenta de espacio libre hacia arriba. Con eso se logró privacidad y se mantuvo la luminosidad de todo el espacio. Pero las viviendas no sólo estaban subdivididas sino agrandadas; cuando se abandonaba un recinto, algún vecino se apropiaba de éste, haciendo un hoyo en la pared. Todos los muros fueron reparados, en su mayoría con los materiales que recuperaron al desmantelar el ala norte del edificio. Además se le propuso a la comunidad redistribuir el espacio: mientras más numerosa la familia, más grande el departamento, y la iniciativa fue aceptada.

El proyecto de arquitectura también contempló la relación del edificio con su entorno:-Es un referente urbano; alrededor de él se establecen centros de vida comunitaria: peñas, organizaciones sociales, parroquia, consultorio, Carabineros, colegio, etc. No es un elemento aislado, dice Raúl Araya. Por eso, era necesario mantenerlo abierto aunque cuidando quién entra y quién no: se liberaron sus accesos, con lo que se ganó ventilación, y el control es posible gracias al patio y a que hay una sola escalera hacia los pisos superiores, visible desde todos los pasillos.

Una ganancia absoluta para los vecinos de la pobla, como ellos le llaman, fue la terraza ubicada en el tercer piso del ala norte. Al desarmar esta área se decidió crear un espacio para la contemplación de la ciudad -solían trepar los techos para tal fin. Esto significó mayor iluminación en el patio, que cambió de húmedo a asoleado por varias horas del día.

A pesar de que se hicieron visitas guiadas a la Población mientras estaba en obras, la gente lloró al ver sus viviendas totalmente rehabilitadas. Aún así, el edificio necesitará permanente mantención; de realizarse debiera durar al menos cincuenta años más. Con todo, el proyecto demostró que se puede salvar de la demolición a un edificio en tan malas condiciones y con ello, rehabilitar la vida de la comunidad y su relación con el entorno urbano– dice Raúl Araya, quien pone énfasis en el rescate de la ciudad viva.Hoy, los habitantes de la Población Obrera de la Unión no solamente viven digna y cómodamente, sino que también son propietarios de viviendas con un valor plusválico mayor al que alguna vez pudieron soñar.

ENTREVISTA
Raúl Araya – uno de los arquitectos a cargo del proyecto de rehabilitación
DOCUMENTOS
Sistematización de la Experiencia de Rehabilitación de la Población Obrera de la Unión –
PRDUV
Presentación Proyecto de la Población Obrera de la Unión – bordeURBANO Consultorías

 

Más información en www.ciudaddevalparaiso.cl

 

Título

Rehabilitación integral y participativa

Autor

www.ciudaddevalparaiso.cl

Año

2008

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